Linz, brillo de acero y estrellas

Museo Lenthos, Linz. Foto: Ana Fañanás

A pocos metros de su entrada podemos subir al tranvía. La peculiaridad de este tren es que se trata del tranvía más inclinado de toda Europa, y llega hasta lo alto del monte de Linz, el Pöstlingberg, una montaña donde puedes encontrar, entre otras cosas, una capilla, un Belén navideño artesanal y un restaurante muy recomendable, con una buenísima carta y un piano de cola tocado por un elegante músico.

Fábrica de Acero, linz. Foto: Ana Fañanás

La industria es un gran motor económico para Linz. Su grandiosa fábrica de acero, Voestalpine Stahlwelt, es otro de los puntos neurálgicos de la ciudad. Es a su vez una mini-ciudad donde más de 40.000 trabajadores pertenecientes a gremios sorprenderntemente dispares, realizan sus tareas para poducir toneladas y toneladas de acero que se distribuye en grandes rollos. Esta producción abastece a gran parte de las industrias que importan acero para producir automóviles, electrodomésticos, aparatos tecnológicos y otros objetos cotidianos que vemos día a día sin pararnos a pensar en su procedencia ni elaboración.

Fábrica de Acero, Linz. Foto: Ana Fañanás

El interior del edificio del museo es estéticamente muy colorido y armonioso, rompiendo con el pesado gris y los vapores de los altos hornos y cadenas de producción. Más de 50.000 personas visitan esta planta cada año descubriendo paso a paso cómo se transforman hoy en día con odernos procesos las materia primas en resistentes láminas de acero.

El agua del río Danubio sirve para abastecer a la industria de la ciudad de Linz, y también para el deleite de los caminantes que nos recreamos con magníficas vistas como a lo largo de sus orillas.

Y cuando tengas hambre, ¡a cualquier hora! no dejes de comerte un buen bocadillo en Pepi, uno de los lugares más típicos de Linz.

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