Linz, brillo de acero y estrellas
A pocos metros de su entrada podemos subir al tranvía. La peculiaridad de este tren es que se trata del tranvía más inclinado de toda Europa, y llega hasta lo alto del monte de Linz, el Pöstlingberg, una montaña donde puedes encontrar, entre otras cosas, una capilla, un Belén navideño artesanal y un restaurante muy recomendable, con una buenísima carta y un piano de cola tocado por un elegante músico.
La industria es un gran motor económico para Linz. Su grandiosa fábrica de acero, Voestalpine Stahlwelt, es otro de los puntos neurálgicos de la ciudad. Es a su vez una mini-ciudad donde más de 40.000 trabajadores pertenecientes a gremios sorprenderntemente dispares, realizan sus tareas para poducir toneladas y toneladas de acero que se distribuye en grandes rollos. Esta producción abastece a gran parte de las industrias que importan acero para producir automóviles, electrodomésticos, aparatos tecnológicos y otros objetos cotidianos que vemos día a día sin pararnos a pensar en su procedencia ni elaboración.
El interior del edificio del museo es estéticamente muy colorido y armonioso, rompiendo con el pesado gris y los vapores de los altos hornos y cadenas de producción. Más de 50.000 personas visitan esta planta cada año descubriendo paso a paso cómo se transforman hoy en día con odernos procesos las materia primas en resistentes láminas de acero.
El agua del río Danubio sirve para abastecer a la industria de la ciudad de Linz, y también para el deleite de los caminantes que nos recreamos con magníficas vistas como a lo largo de sus orillas.
Y cuando tengas hambre, ¡a cualquier hora! no dejes de comerte un buen bocadillo en Pepi, uno de los lugares más típicos de Linz.
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