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No se me ocurre un mejor lugar para enamorarse que Estambul. La ciudad se desperdiga sobre dos lenguas de tierra separadas tan sólo por el estrecho Bósforo. De un lado Europa, del otro Asia… pareciera como si estuvieran a punto de encontrarse, aunque nunca se tocan.  Mezcla de oriente y occidente, Estambul se antoja un lugar de ensueño; sobre todo al atardecer, cuando el sol cae y las siluetas de mezquitas y palacios se recortan contra un cielo teñido de rojo.

Palacio de Topkapi, Estambul. Foto: PikitoMadrid

Mi propuesta romántica en Estambul comienza el primer día con una visita al Palacio de Topkapi. Sus recovecos, su majestuosidad y sus tesoros harán que vuele nuestra imaginación y nos sintamos como en la época del Sultán, rodeados de belleza, de riqueza… o de mujeres, pues visita indispensable, aunque se paga aparte, es la que se puede realizar al interior del Harén. Sus bellos edificios están unidos por preciosos patios y jardines, rodeados por una infranqueable muralla bizantina.

El Palacio de Topkapi se eleva sobre el Cuerno de Oro y el Mar de Mármara, y desde él se domina una espléndida vista del Bósforo. Como el palacio es bastante grande, es recomendable descansar a media visita y tomar algo en el bar que se eleva sobre el Mármara. Enfrente podremos divisar la parte asiática de la ciudad.

Paseo por el Bósforo, Estambul. Foto: PikitoMadrid

Tras el almuerzo, lo mejor es dar un inolvidable y romántico paseo por el Bósforo a bordo de uno de los muchos barcos que recorren sus aguas. Desde el muelle de Eminönü parten constantemente ferrys que conectan ambos lados de la ciudad, así como barquitos turísticos que dan paseos de distinta duración por este estrecho de fantasía. Nada más llegar os abordarán personas proponiéndoos hacer el recorrido; regateando se puede bajar bastante el precio que nos ofrecen en un principio.

Es recomendable llevar ropa de abrigo si se viaja en invierno, o protección solar si se viaja en verano, ya que el recorrido mínimo es de dos horas y lo bonito es disfrutar de este viaje en cubierta. El barco parte en dirección al Mar Negro, y antes de partir podremos contemplar edificios singulares como la Torre de Gálata, el propio palacio de Topkapi o la Mezquita Azul. Durante el trayecto disfrutaremos de una fantástica panorámica, descubriendo lugares como la torre de Leandro, el palacio de Dolmabahce, el pueblo de Ortakoy, el palacio Beylerbeyi, los pueblos de madera Arnavutkoy y Bebek… un romántico paseo entre Europa y Asia, en orillas opuestas.

Por la noche será una buena idea dar un precioso paseo por el barrio de Sultanahmet, recorriendo la calle principal, Atmeydani, y descansando en alguno de los parque próximos a la Mezquita Azul, que se verá preciosa, iluminada, al fondo.

Torre de Gálata, Estambul. Foto: PikitoMadrid

El segundo día lo dedicaremos a conocer los distritos de Beyoglu y Taksim, la zona moderna de Estambul. Para comenzar es buena idea llegar hasta la Torre de Gálata y subir a ella. Desde arriba obtendremos una completa panorámica de la ciudad: el Cuerno de Oro, el puente Gálata, el palacio de Topkapı, la Iglesia de Santa Sofía, la Mezquita Azul, el barrio de Kadıköy, la Mezquita Nueva, la Torre de Beyazıt, la Mezquita de Süleymaniye, el Bósforo, el mar de Mármara y las islas Príncipe.

Otra buena idea es  tomar un tranvía y subir por la calle comercial, Istiklal Caddesi, hasta llegar a la plaza de Taksim. En una de las calles laterales de la plaza se suceden diversos puestos de flores, por lo que será el momento perfecto para tener un maravilloso detalle con tu pareja.

 

 

Atardecer en Estambul. Foto: PikitoMadrid

Antes de que caiga la noche llega el momento más romántico del viaje: contemplar el atardecer sobre la ciudad desde la azotea de un bar. Cerca de la Torre de Gálata hay varios locales y hoteles que disponen de terraza en lo alto, que permanece abierta también en invierno gracias a las estufas. La mejor idea es tomar un té o un salep (una bebida caliente hecha con harina de orquídea, leche y canela… nada más afrodicíaco).

Es necesario permanecer en silencio, escuchando tan sólo la música, mientras cae la tarde sobre Estambul. El cielo se va tiñendo de rosa, naranja, rojo… mientras los minaretes de las mezquitas parecen desprenderse del cielo, a contraluz. Una vez que la noche cae sobre la ciudad, esas mismas mezquitas se iluminan ofreciendo una encantadora imagen que permanecerá siempre en nuestra retina.

Nardis Jazz Club, Estambul. Foto: PikitoMadrid

Y qué mejor broche que acabar el día escuchando un poco de jazz en directo y tomando una cerveza. Muy cerca de la Torre de Gálata se encuentra el Nardis Jazz Club, el mejor y más famoso de toda la ciudad, que ofrece espectáculos en directo. El precio de los conciertos es algo caro (30 liras turcas, unos 12 euros), pero merece la pena. Se trata de un lugar confortable y bien climatizado, pequeño e íntimo, donde también se puede cenar. No se me ocurre un lugar mejor para acabar la noche, el viaje y este post.

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