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Uno de los lugares más bellos y evocadores en donde he puesto los pies se encuentra en Portugal. A Sintra se la conoce como “La ciudad de los Palacios”, pero posee un atractivo añadido: es como viajar a un auténtico escenario de leyenda, a un lugar en el que el tiempo se quedó estancado y en el que benévolas criaturas fantásticas acechan desde las sombras.

Palacio da Pena, en Sintra. Foto: PikitoMadrid

El día que elegí para visitar Sintra era oscuro. La niebla lo envolvía todo, era como si estuviéramos dentro de una nube algo que, en un principio, despertó en mí una cierta frustración. Sin embargo, poco a poco la niebla empapó mi espíritu con un cierto sentimiento de nostalgia, y me di cuenta de que imprimía al paisaje un halo mágico que difícilmente hubiera sido posible si el Palacio de Pena hubiera estado bañado por un sol radiante.

Sintra se localiza a unos 30 kilómetros al noroeste de Lisboa, la capital lusa. La primera vez que alguien me recomendó un lugar en Portugal fue éste, hace diez años ya, y la descripción que me dio despertó en mí el sueño de visitarlo algún día. “Es como estar en un cuento -me dijeron- pareciera como si en cualquier momento fuera a salirte un duende de entre la maleza“. Esas palabras dibujaron en mi mente una imagen idealista, compuesta por los trozos de los cuentos que leía de pequeña, y durante años imaginé Sintra como eso: un escenario perfecto de leyenda, el país de las hadas. Y efectivamente Sintra es así.

Palacio da Pena, en Sintra. Foto: PikitoMadrid

Además de con el Palacio da Pena, esta villa portuguesa cuenta con otros cinco palacios de inigualable bellezaPalacio Nacional de SintraPalacio da RegaleiraPalacio de SeteaisPalacio de MonserratePalacio de Queluz. Además, poseen singular interés el Convento dos Capuchos y el Castelo dos Mouros. Mi recomendación es dedidar al menos tres días para poder conocer todos ellos con tiempo suficiente, aunque mi vista era relámpago, por lo que, desgraciadamente, sólo tuve tiempo para conocer el Palacio da Pena y los jardines, así como el Castelo dos Mouros. ¡Volveré!

El Palacio da Pena es Patrimonio de la Humanidad. Se trata de una edificación de estilo romántico levantada en el siglo XIX, pero la verdadera peculiaridad es que en él se combinan diversos estilos arquitectónicos: la arquitectura colonial convive con estilos como el neo-gótico, el neo-manuelino, el neo-renacentista y el neo-islámico. Esta mezcla se realizó de manera intencionada, y confiere al palacio un aspecto verdaderamente singular.

Palacio da Pena, en Sintra. Foto: PikitoMadrid

Si el exterior es llamativo, el interior deslumbra también por lo cuidado de las estancias, que se conservan en perfecto estado. Una vez dentro, es fácil imaginar a la reina María II de Portugal sentada en el escritorio redactando alguna misiva de especial importancia, o una recepción de la nobleza en alguno de sus salones. El palacio no cuenta con grandes estancias ni ostentosa decoración, y los muebles y enseres originales sobreviven al paso del tiempo con una tenacidad sobrecogedora.

La visita a los palacios en Sintra no es barata. Sin embargo, pagar la tarifa para poder contemplarlos por dentro merece la pena, sin duda. Para que os hagáis una idea, un combinado de Palacio da Pena, Jardines da Pena y Castelo dos Mouros me costó 14 euros, y volvería a pagarlos sin dudarlo en una segunda visita. A la entrada a los jardines de Palacio, un tranvía nos lleva hasta la cima de la peña donde se levanta. Su precio es de dos euros y su recorrido es muy corto, por lo que, si lo preferís, podéis subir caminando y disfrutando del breve paseo.

Palacio da Pena, en Sintra. Foto: PikitoMadrid

Estos jardines que lo rodean, los Jardines da Pena, tienen su entrada principal desde el primer parking que nos encontramos en nuestro ascenso al Monte da Lua. De una belleza inigualable, pronto supe que era a este lugar al que se refería mi amiga cuando me dijo que en Sintra existen los duendes. De exótica y tupida vegetación, en estos jardines conviven especies de árboles y plantas originarias de diversos lugares del mundo.

Fue don Fernando II, casado con la Condesa de Edla, quien ordenó la creación de este peculiar vergel, mezclando especies botánicas de hábitas completamente distintos, logrando que prosperara y se mantuviera un ecosistema único en el mundo, de extraña belleza y enorme interés científico. En los Jardines da Pena conviven, por esta razón, secuoyas de Norteamérica con Araucarias de Brasil, Criptomerias de Japón y Cedros del Líbano.

Jardines da Pena, en Sintra. Foto: PikitoMadrid

El clima húmedo y lluvioso de la región posibilita que este lugar siempre sea un vergel, lleno de musgo, en el que la vegetación se abre paso rápidamente, pero que nunca tiene aspecto salvaje debido a los exhaustivos cuidados de jardinería. Estos jardines cuentan además con numerosos atractivos, como lagos con cisnes, estanques con nenúfares, torreones y edificaciones singulares y puentes que emergen de la vegetación.

En los Jardines da Pena existen varios atractivos que, de cuando en cuando, emergen entre la vegetación. Por ejemplo el Vale dos Lagos, cinco lagos que se crearon a partir de los cauces de agua que confluyen es el valle. Destacan el lago de São Martinho, con una casa para los patos en forma de torre medieval, o el Lago do Pesqueiro, lleno de carpas. También es interesante visitar la Gruta do Monge, que data de los tiempos en los que en este lugar se levantaba un monasterio y donde acudían los frailes Jerónimos para la meditación y el recogimiento.

Jardines da Pena, en Sintra. Foto: PikitoMadrid

Destaca también Feteira da Rainha, que cuenta con una colección de helechos de Australia y Nueva Zelanda, junto a robles, hayas y castaños autóctonos, rododendros de Asia, camelias y arces de Japón o tuyas gigantes de Norteamérica. La Fuente de los Pájaros, de inspiración árabe, base octogonal y cúpula esférica y tintes orientales, confiere a estos jardines un mayor exotismo.

En definitiva, Sintra es una experiencia única y que ha de ser vivida. Por mucho que se escriba sobre ello, por muchas fotografías que se nos muestren, nunca podremos ni acercaros a lo que se siente cuando se visita este lugar. Su carácter mágico, evocador, de ensueño, sólo puede percibirse una vez allí. Aunque sí es posible que nos aproximemos a lo que realmente es si cerramos los ojos con fuerza e interiorizamos la frase que en mí lo originó todo: ”Es como estar en un cuento, pareciera como si en cualquier momento fuera a salirte un duende de entre la maleza”.


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