Jerusalén: una ciudad ideal para perfeccionar el arte de perderse

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Cuando digo que Jerusalén es una buena ciudad donde perderse, no es solamente una forma de decir. Yo pasé mis primeras horas en Jerusalén perdida, y eso presagiaba con bastante exactitud como pasaría aún más tiempo en esta ciudad.

Quizás debería de haber sido obvio que confiar en una tecnología del siglo XXI—en este caso, Googlemaps por medio de un iPad—para guiarme por una de las ciudades más antiguas del mundo era…bueno, mal pensado. Pero sólo llegué a esa conclusión al llegar en taxi a mi hotel, después de un paseo largo y unas vueltas por varios aparcamientos cargando con mi mochila. Lo bueno es que esta primera fase de desorientación me abrió los ojos a lo mucho que uno puede ver y disfrutar en Jerusalén aunque esté—o precisamente porque está—perdido. Por ejemplo, la zona donde andaba buscando mi hotel no quedaba muy lejos de la estación de bus, y aunque creo que todos podemos estar de acuerdo que las estaciones de bus no suelen estar en las zonas más guapas, creo que también podemos estar de acuerdo que normalmente no hay un puente de Santiago Calatrava colgando del cielo al lado. La vista inesperada del puente, sumada a los contrastes entre Tel Aviv y Jerusalén en lo que es la visibilidad de la población judía ortodoxa, eran los primeros vistazos de los cambios y contrastes que forman parte de Jerusalén.

Puente diseñado por Santiago Calatrava, con luna llena

Mi hotel, al final, se ubicaba en Jerusalén Este, a poca distancia de la Ciudad Vieja. Como estaba en un barrio árabe, el mapa que me proporcionaron los propietarios del hotel tenia más detalle sobre el Barrio Musulmán de la Ciudad Vieja que sobre otros barrios—esto resultó siendo toda una ironía porque la cantidad de carteles en el Barrio Musulmán dejaba mucho que desear. Mientras tanto, el Barrio Judío y los otros barrios tenían muchos más carteles pero los nombres de las calles no salían muy bien marcados en el mapa. Este detalle, en combinación con la traducción (variable) de nombres hebreos y árabes al alfabeto romano y el laberinto de calles, callejuelas, subidas, bajadas, y portales, hizo que el encontrar las cosas se pusiera bastante interesante. ¿Cómo puede ser que me costó tanto encontrar un sitio tan conocido como la Iglesia del Sagrado Sepulcro? No lo sé—lo único que sé es que no sabría replicar la ruta que seguí. Al final llegué travesando por encima de unos techos y metiéndome por lo que al final parecía ser una especie de escuela. Según como me miraban (o evitaban mirarme) los hombres y niños ahí, parece que yo no tendría que haber estado, pero, en fin, llegué sin prisa a la Iglesia.

Creo que la única vez que es menos que ideal estar perdido en la Ciudad Vieja es cuando uno está intentando pasar al Monte del Templo para visitar la Cúpula de la Roca. Aunque existen varias entradas al Monte del Templo, sólo una se usa como entrada para los no-musulmanes. Si quieres entrar a ver la Cúpula de la Roca desde más cerca, no puedo enfatizar más lo importante que es planear llegar horas (si, más de una) antes de que se abra el control de seguridad. Yo tuve suerte: aunque perdí las horas de visita mi primera vez pasando por Jerusalén, y aunque llegué muy tarde unos días después cuando volví a pasar por la ciudad y otra vez no logré entrar, pude entrar cuando abrieron otra vez por la tarde después de haber esperado casi tres horas.

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