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Si disfrutas de los contrastes, los paisajes de Israel te van a encantar. Entre el norte del país y Tel Aviv, se ve una transición de mucha verdura y mucha humedad a un clima más seco con vistas de playa y rascacielos. Entre Tel Aviv y Jerusalén, hay otro cambio: hay menos verde en los árboles, hace falta el azul del mar, y predomina el color beige. Beige por todos lados, de hecho, entre el paisaje más desértico y el uso frecuente de la llamada “piedra de Jerusalén,” una material propia de la zona que se usa mucho en la construcción. Saliendo de Jerusalén y hasta llegar al sur del país, uno se encuentra en un mundo donde el beige predomina. Pero como todo el mundo sabe—o por lo menos, como saben todos que han querido pintar beige un muro de su casa y han ido a mirar los colores de pintura—hay un sin número de tonalidades que forman parte de la familia beige. Entre esta variedad natural y el efecto espectacular del sol en el desierto, atravesar el centro y sur de Israel es un gusto en sí. Pero lo que uno encuentra en esta trayectoria es aún más espectacular.

Mar muerto, visto desde la carretera

 Al pleno sur de Israel encontrarás la ciudad de Eilat que, entre una ubicación que parece ser escogida sin método y una cantidad de hoteles enormes y mayormente carentes de interés o belleza arquitectural, me ha parecido un poco como un Las Vegas israelí. Obviamente, si te gustan los resorts te puede fácilmente gustar Eilat y con poco esfuerzo te puedes disfrutar de unos días tirado en el sol con tu tumbona alquilada y tu propio metro cuadrado. Pero aún si eres como yo y no eres tanto de este estilo, hay algo que te pueda interesar en Eilat y es justamente lo que hace que no sea (para mí) un Las Vegas israelí: este “algo” es el Mar Rojo.

Es impresionante en sí poder estar en la playa en invierno y tomar el sol o hasta bañarse. Pero es interesante cuando puedes ver la bandera jordana ondeando en la brisa desde no-tan-lejos, cuando sabes que a unos pocos kilómetros puedes llegar a la frontera con Egipto, y cuando al fondo de la vista, detrás del mar azul claro y los hoteles enormes, hay unas montañas rojizas de desierto. Pero lo que realmente hizo especial mi visita a Eilat fue la oportunidad de bucear (con bombona) en el Mar Rojo. Yo no tengo una certificación PADI ni nada del estilo, pero el curso PADI Discover Scuba permite que uno haga una lección corta y básica y luego bucee con supervisión en mar abierto. Yo usé la compañía Shulamit Diving, y lo recomiendo de verdad: el trato es profesional y personal a la vez, no tardan en contestar los correos, son flexibles, y los precios están bien. Durante el recorrido submarino de unos más o menos cuarenta minutos, vi peces león, una manta raya de puntitos azul fosforescentes, y muchos corales lindos.

Si hubiera sido un viaje ordinario, la sensación de no tener peso que uno tiene debajo el agua hubiera sido lo más exquisito que sentí en Israel. Pero por suerte, fue un viaje extraordinario y como cualquier viaje a Israel, no hubiera sido completo sin una visita al Mar Muerto. Las atracciones súper turísticas, como el flotar en el Mar Muerto, en mi experiencia pueden dejar a una persona un poco decepcionada, entonces no tuve esperanzas muy altas para el Mar Muerto…de hecho, aunque el bañarse ahí es tan famoso que es casi un sacrilegio irse de Israel sin haberlo hecho, había pensado que entre la posible frustración y el frío seguro de tal experiencia, quizás simplemente no lo haría. Es con gran placer que digo que no solamente floté en el Mar Muerto, sino que era más divertido de lo que había imaginado. Podría intentar explicar en detalle como se sentía: el agua con una consistencia casi viscosa pero sin ser para nada repugnante; la sensación casi de volar al flotar boca abajo (con cabeza fuera del agua) y la dificultad de volver a flotar boca arriba; la sal visible en la piel al salir del agua…pero creo que es mejor simplemente decir que si vas a Israel, no te lo pierdas. ¡Ni lo pienses!

A mi me encanta estar en el agua, es cierto, pero me ha parecido que por lo menos en el sentido recreativo lo que a Israel le falte en cantidad de agua lo compensa en calidad. Bucear en el Mar Rojo y flotar en el Mar Muerto son dos actividades—no, experiencias—que no dudaría en recomendar o volver a hacer si tengo la ocasión de volver a Israel.

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