
Guy de Maupassant afirmó: Si alguien debiese pasar un solo día en Sicilia y me preguntase: “¿Qué debo ver?”, le respondería sin dudarlo: Taormina. Y es que esta pequeña ciudad bañada por el mar Jónico es una de las joyas de Italia meridional que desde hace siglos se erige como destino turístico por excelencia.
Con el imponente Etna como fiel custodio, la naturaleza en Taormina se ha excedido a sí misma creando paisajes verdaderamente increíbles. El paisaje volcánico del Etna es uno de los más bellos y dispares del mundo. Sobre la ladera norte hallarán su aspecto más dulce donde predominan los bosques de Linguaglossa mientras que la ladera este está dominada por el aspecto inquietante del Valle del Bove. Más allá de los 1.500 metros encontrarán las estaciones de esquí, donde la nieve señorea aún en verano.
Si son de los que aman la aventura les aguarda la Garganta de Alcántara, unos 400 metros de impresionantes farallones negros que reflejan fantásticos tonos irisados provocados por las aguas que discurren en su interior. Después de la fatiga y el cansancio que les provocará llegar a este paraje, bañarse en sus aguas será un exquisito regalo natural.

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Finalmente, les aguarda la playa más bella de Taormina: Isola Bella. Una doble bahía custodia la playa de forma que el mar siempre es tranquilo aunque se respiran aires mundanos y turísticos ya que este sitio balneario es uno de los más preciados de Italia y del mundo. Las aguas de un azul intenso son transparentes como pocas por lo que son ideales para dedicarse al buceo.
Pero Taormina no es sólo naturaleza, también es un enorme museo al aire libre. Un recorrido por sus calles les conducirá a develar antiguas huellas griegas y romanas como el famoso Teatro de Taormina. Datando del siglo III a.C., entre sus columnas corintias que aún se mantienen en pie podrán revivir las antiguas luchas de gladiadores. No obstante, uno de los mayores placeres que regala este sitio es la espectacular vista sobre Giadini-Naxos. No se la pierdan en la noche.

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Otra de las huellas antiguas de la ciudad son las Naumachie, robustas murallas que alcanzan los cinco metro y que resalen al siglo I a.C. Entonces podrán imaginar cuán impactante sería ser un espectador de las batallas navales que allí tenían lugar.
No obstante, el verdadero corazón de Taormina late en la Plaza de la Catedral, donde se erige una de las catedrales más sui generis de Italia. Acostumbrados al lujo y la elegancia de las iglesias italianas, no deberán esperar esto en la Catedral de Taormina, una suerte de catedral-fortaleza que incluso ostenta las clásicas almenas. En el centro de la plaza se levanta una pétrea fuente barroca coronada por una extraña figura: un centauro femenino de dos piernas que se ha convertido en el emblema de la ciudad.

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Para reencontrarse con la modernidad nada mejor que dar un paseo por la vía Corso Umberto I, donde hallarán numerosas tiendas, incitantes terrazas y cafeterías típicas. Entonces será el momento ideal para descubrir la explosión de sabores de la cocina siciliana donde predominan los platos del mar y los dulces a base de frutas. Si son golosos no dejen de probar los cannoli sicilianos (una delicia dulce de la cual se harán aficionados) y sus fuertes vinos.

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