Cuando el tiempo desvanece el impacto de la tragedia, un naufragio se convierte en un acontecimiento cargado de misterio y su mera contemplación no puede por menos que recordarnos la furia que aguarda, adormecida, bajo la calma superficie del mar. En todos nuestros mares yacen, esqueletos, barcos de todos los tamaños cargados de tiempo y herrumbre. Ya yazcan en el fondo o se aferren, encallados, a la superficie, los navíos malogrados se me antojan un atractivo cargado de magnetismo a la hora de realizar un viaje.
El Barco Espejo o Pesuarsa II se hundió el 10 de junio de 1996 en el puerto argentino de Quequén, y más tarde se remolcaría para quedar varado en la playa de Bahía de los Vientos, que se localiza en la provincia de Buenos Aires, en Argentina. Su esqueleto de herrumbre se ofrece una singular postal vista desde la costa. Leer más »









